lunes, 11 de enero de 2010

Solamente mía




Obscuridad, niebla, desolación, frío y ligera angustia mezclada con llovizna. Un excelente día para irse de casa.

Habrán notado ya mi ausencia? Seguramente piensan que estoy en casa de Paula, o en algún rincón de la casa; tal vez debajo del árbol donde tantas veces me quedé dormida queriendo desaparecer o deseando de alguna mágica manera, adentrarme en las profundos laberintos que provocan las cartas de despedida, en especial si son las suyas...

Azoté la puerta cuando me fui, y lo hice aún sabiendo que nadie escucharía.

El viento helado me causa un aturdimiento conocido. Tan extraña y breve me parece la felicidad que siento cuando trenza mi cabello con su aliento, mientras su desapasionado abrazo me oprime contra su pecho, recordándome mil veces la ausencia.

Voy disminuyendo el paso, quiero atesorar cada sensación, desde el suave roce del vestido ya marchito con mi piel hasta el sonido agitado de mi respiración que se va, se hace una con deliciosa bruma.
Sigo la carretera, desolada y perfectamente mía. Nada más que pensamientos. La que alguna vez seguiste tu. Me dejo llevar a ti. Veo tus pasos marcados, cada lágrima tuya es la marca de un retorno.